Actividades para trabajar las emociones en el aula

¿Cuántas emociones existen? 




Es difícil dar un número exacto… ¿Existen emociones universales? Esta misma pregunta es la que impulsó el estudio de las emociones.

 Paul Ekman dudaba de la afirmación de Darwin de que las emociones eran innatas y universales. Así que para comprobarlo decidió estudiar las expresiones faciales en diferentes culturas. Él creía que las expresiones faciales eran aprendidas socialmente, y que por tanto variarían en las diferentes partes del mundo. En contra de todo pronóstico vio que las expresiones faciales de ciertas emociones se repetían allá donde iba. A estas emociones decidió llamarlas emociones básicas
Toda emoción básica es universal, primitiva, independiente de la cultura, tiene una expresión facial propia, activa organismo y cerebro de una forma específica y prepara al cuerpo para una acción (como la huida o el ataque).
Pero aquí no acaba el mundo de las emociones, porque hay infinidad de emociones secundarias. ¿Quieres saber qué hay detrás de las emociones?Con toda esta información… ¿Se te ocurre cuáles son las emociones básicas? Antes de continuar hay que aclarar que no todo el mundo coincide en el número de emociones básicas y en cuáles son. 
Ekman nos propone 6: miedo, rabia, alegría, tristeza, asco y sorpresa. Estas dos últimas son las más discutidas. La sorpresa porque su expresión facial se confunde con la del miedo, y el asco porque puede considerarse una reacción fisiológica más que una emoción.
Actividades emocionales para niños
Si eres profesor y quieres educar en inteligencia emocional a tus alumnos, a continuación puedes encontrar una lista de actividades que permitirán que los más pequeños desarrollen habilidades emocionalmente inteligentes.
1. Equilibrio en grupo: la estrella

Esta dinámica es sencilla. Si se realiza en el aula, simplemente hay que hacer un círculo con el grupo de estudiantes. Los miembros del círculo deben abrir un poco las piernas y darse la manos, y el grupo se separa de manera que los brazos quedan estirados. Se enumera a los participantes con los números uno y dos. Las personas con el número uno irán hacia adelante y las personas con el número dos hacia atrás.La autoconfianza es una variable psicológica y una emoción que nos da fuerza y valentía, nos permite lograr nuevos objetivos y superar los momentos complicados que puedan ir surgiendo en nuestro camino. Tener unas expectativas positivas sobre aquello que podemos hacer nos ayuda a fijarnos objetivos motivadores y a orientarnos hacia la resolución de problemas.
Es importante que los participantes vayan hacia adelante o hacia atrás despacio hasta lograr un punto de equilibrio. Además, también es posible cambiar los del número uno a los del número dos, e incluso hacerlo de manera ininterrumpida. Tras acabar la dinámica, se realizan una serie de preguntas a los participantes para que compartan su experiencia y asimilen mejor lo aprendido. Por ejemplo, ¿Has notado dificultades? ¿Cómo representarías lo aprendido en la vida real a la hora de confiar en un grupo?

2. El juego del nombre

Se les reparte a los niños dos hojas de papel y se les pide que apunten su nombre y apellido. Después, en una de las hojas, se les pide que con cada letra de su nombre apunten las cualidades que consideran que tienen (si el nombre es muy largo, puede pedirse que lo hagan solo con el nombre o el apellido). Por ejemplo: Si la persona se llama Bea Salta, las cualidades o virtudes pueden ser: Buena, enérgica, amable, segura, agradable, lista, trabajadora y asertiva.Este juego es ideal para los niños. Además, pese a ser simple, es útil para para que éstos conozcan sus cualidades positivas, lo que favorece el autoconocimiento.
En la otra hoja, se les pide a los niños que escriban el nombre de alguien que haya influido en su vida. y entonces deben escribir palabras que expresen cómo les han influido éstos. De este modo se crea un vínculo entre el autoconcepto y los valores postivos que han sido asociados a uno mismo, generando una narración autobiográfica acerca del desarrollo de su personalidad que ayude a consolidar estos recuerdos.

3. Responder a una acusación


Esta dinámica es ideal para que los profesores eduquen a sus alumnos en control emocional. En el aula, el profesor debe leer en voz alta el comienzo de esta historia.
“Va Pepe muy contento por el parque, cuando de repente ve a Rafa viniendo a su encuentro. Rafa tiene una mirada muy rara. Pepe se pregunta qué le estará pasando. Se acercan y se saludan, pero inmediatamente Rafa comienza a gritar. Dice que Pepe le ha hecho quedar muy mal con los otros chicos del barrio, que es mal amigo, que tiene la culpa de todo lo que le pasa. Entonces Pepe…”.
Una vez leído el cuento, los alumnos deben pensar de forma individual cómo actuarían se encontraran en la situación en la que está Pepe. Después, se comparten las respuesta y se clasifican en dos grupos: las que permiten la conciliación y buscan un camino pacífico y las que promueven un mayor conflicto. En forma de debate, se llega a la conclusión de por qué las primeras son mejores que las segundas.

4. Escribe un cuento

Igual que el ejercicio anterior esta actividad pretende que los alumnos distingan entre las formas de responder a una acusación y, además, aprendan a controlar sus emociones y aprendan a solucionar conflictos mediante el entrenamiento por imaginación ante situaciones hipotéticas que van más allá de los ámbitos sociales a los que uno está acostumbrado.
Se separa el grupo de alumnos por parejas y después imaginan una situación en la que haya un conflicto. Entonces, cada pareja escribe un cuento corto que debe contener estos elementos:
  • Adolescentes que hablan o se envían mensajes por móvil
  • Una acusación
  • Solución que deja el camino abierto al diálogo
  • Los cuentos se comparten y se hace una valoración grupal de las ventajas e inconvenientes de la solución al conflicto, de modo que se comprenda lo que un final u otro implica desde el punto de vista emocional para las personas implicadas en la historia.

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